14.5.08

¡Estamos ganando!

"Ya no cabe ninguna duda. ¡Estamos ganando!."

Muchos, cuando juré mi cargo como Responsable Suprema de Beligerancia Humana a bordo de una nave de desalojo de emergencia, dudaron públicamente de mi capacidad para gestionar la crisis. Todos esos habrán de callar ahora. ¡Estamos ganando!"


- Maldita sea bolillero, ¡estate atento! Una de esas mierdas casi llega hasta Sheila.

Es la voz de Longfeet. Tiene razón debería estar más atento, pero estoy acojonado.

"Tras tan sólo un año he logrado no ya frenar la expansión de las hordas alienígenas, sino hacerlas retroceder hasta los rincones más recónditos de la Federación Humana. Pronto estas monstruosidades desaparecerán de la superficie de nuestro amado Planeta Capital. Nuestras brigadas de limpieza van mejor armadas que nunca y son muchas más que hace un año. No les quepa ninguna duda. Acabaremos con esta amenaza. ¡Estamos ganando!"

- A tú derecha, joder, a tú derecha - me vuelve a gritar.

Miro a la derecha y veo lo que me estoy temiendo: una masa casi continua de bocas y zarpas evidentemente muy poco humanas. Es una visión que no me ayuda nada a estar concentrado. Me inyectaría una cápsula de mierda, pero no he podido comprar ninguna en una semana. Así que procuro contener mi terror y disparo, disparo, disparo.

Están demasiado cerca, así que me salpican pedazos asquerosos todo el rato mientras mantengo el gatillo apretado. Sobre todo es sangre o la mierda que sea que llevan estas cosas en las putas venas, pero viene acompañada por toda clase de 'partes'. Es carne pestilente sobre todo, pero por el dolor me temo que también hay huesos afilados, dientes o lo que sea, cosas capaces de penetrar la armadura de mis piernas. Cuando mi nivel de acojone llega a su límite les arreo con una granada a quemarropa y me giro para resistir la explosión.

- ¡Cabronazo! - me grita Longfeet. Tiene parte de razón eso pudo matarlo, pero era más probable que lo desmontase en miles de piezas, y eso ya no sería nada nuevo para él. Así que, que se joda, y disparo una segunda granada, que me deja mucho más tranquilo y a las putas cosas mucho más muertas.

"Es cierto que muchos más habrán de ser reclutados. Nuestra labor es aún titánica, pero serán voluntarios, y bien pagados. Señores y señoras, no deben tener ninguna duda de que estamos ganando."

Es la voz de Jane Belfstain, jefe civil de Beligerancia Humana y de las Brigadas de Limpieza de Emergencia, o sea la mismísima jefa de todos. Cuando estoy realmente jodido de los nervios me gusta poner su discurso de primer aniversario en el cargo. Por alguna razón eso me tranquiliza. Claro que también me desconcentra un poco, lo que por lo general no tranquiliza a mis compañeros. Supongo que les tranquilizaría menos si el bolillero, el miembro del equipo que viste la Bola, una suerte de tanque personal, se cagase dentro de la misma y saliese corriendo todo lo rápido que diesen de sí los servos hidráulicos.

Me giro a la izquierda y veo que la cosa está realmente mal. Jane sigue abogando por la victoria pronta en mis oídos, pero frente a mí hay al menos ocho cosas más de las del tipo más cabrón y no me queda ni una jodida granada. Longfeet baila entre ellas intentando arrancarles la cabeza con patadas de sus ridículos pies larguiruchos. Así que ajusto las balas para evitarle y mantengo el dedo en el gatillo hasta que el contador del cargado marca el triple cero.

A Longfeet le han jodido al menos un brazo, pero sonríe, eso es una menudencia para él.

- Ha estado cerca, joder - me dice.

Veo a Sheila salir del refugio con su cara indescifrable, supongo que pensando que todo ha terminado -si es que piensa realmente-, pero no ha terminado.

Lo primero que escucho es un sonido de desgarro de vigas. Lamentablemente es un ruido que escuchamos mucho. Longfeet y yo miramos hacia arriba y esta vez le toca a él. Decenas de cuerpos deformados caen sobre él y desaparece debajo.

Cambio las bocas de mis ametralladoras por manos y me lanzo al montón. Espero poder hacer algo antes de que le quiebren esa bola de titanio que se supone que contiene su preciado cerebro; pero la Bola no es precisamente el mejor equipo para un combate cuerpo a cuerpo. Es más bien como una máquina de derribos con ametralladoras acopladas.

Miro a un lado y a otro buscando algo y por suerte lo encuentro.

Es la jefa. Layna aparece por fin desde uno de los túneles de detrás. Sin mediar palabra salta al montón de zarpas y bocas y empieza su espectáculo.

Ya lo hemos visto muchas otras veces, pero no por ello deja de ser espectacular. Como un jodido holo de acción. Patadas, puñetazos, giros, lanzamientos y disparos acertados con lo que parece un soldador estándar. Muy pronto el montón de bocas y zarpas empieza a huir y la jefa va detrás de ellos.

Longfeet está tendido en el suelo. Está desmantelado, pero su cabeza está intacta. Gira sus ridículos ojos de camaleón para ver a Layna mientras se aleja. El muy cabrón sigue enganchado a su culo de alta tecnología. Para ser tan viejo es un imbécil. Yo me quedo con las mujeres de verdad, con carne en lugar de fibra sintética sobre los huesos.

Sheila se aproxima desde su refugio. Tiene la mirada habitual en ella. Perdida. Comenta como si no hubiese pasado nada:

- Menudo bulevar más extenso. Debió ser bonito.

Lo miro y sonrío. Ellos no me ven porque estoy dentro de la Bola, pero estoy descompuesto:

- Era fundidamente hermoso - le digo - yo crecí ahí arriba - y señalo con el dedo los restos ruinosos de lo que era la casa de mis padres.

Longfeet gira sus ojos telescópicos y me dice:

- No fastidies.

Yo me limito a decir:

- Tranquilo, estamos ganando.

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